Foro Familiar

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El recorrido de nuestra familia

Cada familia ha recorrido un camino muy importante antes y después de tener un bebé. Previo al embarazo, ya nos generamos ciertas expectativas sobre cómo será nuestra familia, sobre nuestra relación de pareja o con nuestro núcleo familiar, entre muchas otras cosas más.

El camino que hemos recorrido y llevamos en cada uno de nosotros y nosotras, nos estructura con valores, experiencias y estrategias, que nos permiten afrontar aquellas dificultades que se nos presenten en el camino.

Pero en este camino, se pueden presentar distintas sorpresas que reestructuran nuestras vidas. 

Hay sorpresas, como algún diagnóstico de nuestro bebé, que nos llevan a reestructurar la vida que originalmente teníamos planeada; hay que tomar decisiones, cambiar las cosas de la casa, adecuarse a nuevos roles, y un sin fin de otras acciones que debemos hacer para aceptar y abrazar esta nueva vida que tendremos.

Pero para aceptar, tenemos que reconstruir nuestro mundo, nuestras expectativas, y lo que esto significa para nosotros. Esto, por ningún motivo, significa que queremos menos a nuestros niños/as, o que no los aceptamos, sino más bien es una forma de poder hacerse cargo de lo que nos está pasando internamente, y poder trabajarlo desde el inicio.

Acumularlo en nuestro corazón es una solución momentánea que, a largo plazo, nos dolerá más.

¿Cómo reconstruir nuestro mundo? 

La verdad es que esto no es sencillo, y varía dependiendo de la familia y la situación que tengan. Pero algo que todas las familias tienen en común, es que tienen todo el derecho del mundo de sentir todas las emociones que esta nueva vida les brinda.

Guardarse aquellas emociones que nos incomodan más: como la pena, rabia, frustración, etc., no hace que estas se eliminen o se vayan a otro lado, sino que se almacenan.

¿Qué son las emociones "incomodas"?

Aprendí hace mucho tiempo que no existe tal cosa como las "emociones negativas y positivas", porque todas las emociones nos permiten responder y actuar a partir de una experiencia: si vivimos una situación triste, está bien sentir pena y querer llorar. Esto no es una emoción negativa, pero puede ser una emoción incómoda, ya que nos aleja de nuestros estados afectivos "más cómodos", como la calma, felicidad, etc.

El primer paso es auto-validar lo que sientes: es verdad que hay hitos o experiencias que, por distintas razones, no podrás experimentar, y es fundamental que en todas estas, puedas darte el tiempo de sentir qué es lo que te produce. No necesitamos mamás y papás con armazones emocionales, necesitamos mamás y papás que puedan contactarse consigo mismos, y puedan abrazar sus procesos personales.

Esto es para todos los padres y madres; todos atravesamos distintas emociones y experiencias, y por lo mismo, poder escuchar, entender y validar lo que nos sucede nos hace más conocedores de nosotros mismos, más capaces para cuidar a nuestros niños y niñas, y resulta ser muy recomponedor.

Cuando aprendemos a validar lo que nos sucede, en especial con aquellas emociones "incómodas", también aprendemos a disfrutar aquellas emociones más agradables de sentir: a gozar las instancias con nuestros niños y niñas, celebrarles sus logros, entre otras cosas más.

¿Por qué pasa esto? 

Porque nuestras emociones dejan de estar "achoclonadas"; ya no sentimos pena/rabia/felicidad al mismo tiempo, sino que aprendemos  a sentir lo que nos sucede en cada uno de los momentos, a entender por qué sentimos lo que sentimos, y podemos dedicarle el tiempo que necesitemos para trabajar en nosotros mismos.

El camino que nos queda por recorrer es largo, y podemos hacerlo tanto más agradable si aprendemos a escucharnos a nosotros mismos.